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28/7/2015

Hora del embarazo, hora de mirarte las varices

Son dos términos que, en una inmensidad de casos, van indisolublemente unidos. Sí, hablamos del embarazo y del riesgo de padecer varices o de que se vean agravadas.

Foto: Hutschi

Y es que si cualquiera repasa la literatura a tal efecto, ya sea en una búsqueda inespecífica en Internet a nivel usuario o consultando bibliografía especializada, se dará cuenta de inmediato de su estrecha relación. Primero, vayamos a una explicación sencilla del porqué de ello.

Al consultar con el ginecólogo o al acudir a una consulta de un especialista flebólogo, lo primero que le aclarará es que el embarazo en sí constituye un factor de riesgo en la aparición de varices. Y es que el bebé alojado en la pelvis comprime y dificulta el drenaje de las venas iliacas que recogen la sangre de las piernas, lo que, unido a que la madre debe aportar a la placenta un gran volumen de sangre, hace que ‘compita’ con el retorno de la sangre de las piernas.

También es un hecho sabido que, a medida que el útero crece, ejerce presión sobre la vena cava inferior – la vena grande del lado derecho del cuerpo-, lo cual aumenta a su vez la presión sobre las venas de las piernas. Estas venas hacen retornar la sangre desde las piernas hacia el corazón y no hay que pasar por alto que la sangre circula en sentido contrario a la gravedad.

De ahí, que durante el embarazo sea muy frecuente la aparición de varices, pies hinchados y molestias en las piernas. Estos síntomas pueden empeorar progresivamente hacia el final del embarazo, añadiéndose en este período próximo al parto, el riesgo de trombosis venosa. Pero, ¿y qué dice la literatura científica a tal efecto? ¿Cuál es la casuística?

Un estudio desarrollado por especialistas del Instituto de Angiología de Ciudad de La Habana (Cuba) sobre un total de 159 gestantes, pertenecientes al área de salud Plaza de la Revolución, reveló que 119 de ellas presentaban varices, por lo que la prevalencia de esta población fue del 74,8%. Además, los autores de este mismo trabajo (Delia Charles-Edouard Otrante, Eduardo Zacca, María Cristina Ariosa y Felix Robaina) detallaron que, en la medida que el número de gestaciones aumentaba, también se incrementaba la tasa de prevalencia de varices.

Esta misma circunstancia fue descrita en el estudio de Tampere, que reveló que la prevalencia de varices en las mujeres con uno, dos, tres, cuatro o más embarazos fue del 38%, 43%, 48% y 59%, respectivamente. Y aquí en España también son muchos los estudios que ponen de manifiesto esa relación entre la insuficiencia venosa y la gestación.

Como ya se ha dicho al principio, esto ocurre por varios motivos, que bien podríamos sintetizar en los siguientes:

  • La acción de las hormonas que favorecen una pérdida de tonicidad de las venas.
  • El aumento del volumen de sangre circulante.
  • El aumento de la presión en las venas de los miembros inferiores por compresión del feto sobre las venas abdominales.
  • Los cambios sanguíneos, que asociados al estancamiento de la sangre, favorecen la trombosis venosa.

Por lo tanto, y siguiente la forma esquemática que se ha descrito un poco más arriba, durante el embarazo se recomienda:

  • Consultar al médico flebólogo durante el primer trimestre de gestación para una correcta valoración clínica en caso de existir antecedentes de patología venosa (varices o trombosis venosas profundas previas al embarazo).
  • Mantener controles periódicos.
  • Evitar tomar cualquier tipo de medicamento que no esté previamente indicado y controlado por el médico.
  • Mejorar el retorno venoso y prevenir la hinchazón de las piernas llevando a cabo los consejos del especialista.
  • Y uso de medias elásticas indicadas por el médico flebólogo.

Y es que lo que sí parece más que claro es que la llamada del embarazo también lleva pareja en muchos casos una llamada al especialista.

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